El Primer Imperativo de Liderazgo
El primer imperativo de liderazgo de la empresa familiar es el
de construir instituciones que rijan las relaciones entre la familia,
la propiedad y la dirección del negocio.
Por desgracia, la necesidad crucial de construir instituciones de
gobierno suele perderse en el director general o presidente del
consejo del negocio familiar. El hecho de que éste perciba
en forma mucho más favorable tanto al negocio como a la familia
que el resto de la familia y de los gerentes de no pertenecientes
a ésta es el descubrimiento más significativo estadísticamente
del Discovery Action Research Project, un estudio longitudinal de
cerca de 100 negocios familiares, realizado por la Partnership for
Family Business en la Weatherhead School of Management, Case Western
Reserve University.1 Los hallazgos indican además que los
padres que a su vez son directores generales o presidentes del consejo
perciben al negocio en forma significativamente más positiva
que otros miembros de la familia en todas estas dimensiones: planificación
del negocio, planificación sucesoria, comunicación,
orientación al crecimiento, oportunidades profesionales y
eficacia de sus consejos.
Por el lado de la familia, estos mismos directivos propietarios
se sienten más satisfechos de cómo se manejan el empleo
de los miembros de la familia y su participación en el negocio.
Ellos perciben mayor claridad y entendimiento entre los miembros
de la familia respecto de las normas y procesos de sucesión
y la forma en que el patrimonio y la propiedad del negocio se transferirán
entre generaciones. Los padres que a su vez son directores generales
o presidentes del consejo también perciben en forma más
positiva, que otros miembros de la familia, las relaciones entre
los miembros de la familia y consideran que la expresión
de las diferencias se fomenta en mayor grado. Estos directores son
sustancialmente más positivos en su evaluación de
hasta qué punto se escucha y considera las ideas de los gerentes
de la generación más joven en el negocio.
Estos hallazgos indican que los gerentes y accionistas de la generación
mayor tal vez no sean conscientes de las inquietudes que albergan
otros miembros de la empresa y la familia –o quizá
sólo los aprecian desde una perspectiva inaccesible para
el resto de los miembros de la familia y no pertenecientes a ésta,
los cuales normalmente son más jóvenes.
No sorprende, pues, que las percepciones positivas que tienen los
directores generales o presidentes del consejo se apliquen no sólo
a la empresa, sino también a temas relacionados con la familia.
Este hallazgo sumamente congruente señala que cualquier esfuerzo
de consejeros o consultores de negocios familiares se tope con la
resistencia del director general en dos frentes interrelacionados
–la familia y la compañía– los cuales
son importantes para la planificación de la continuidad en
la empresa.
Se trata de hallazgos que no sorprenden, en virtud de la enorme
autonomía de los directores generales de los negocios propiedad
de familias y del poder implícito en ser el director, presidente,
propietario principal y jefe o socio de la familia. Éstos
limitan y modifican la naturaleza de la información que se
proporciona al padre que a su vez es director general.
Los directores generales también están mucho más
seguros de que se entiende por cuanto tiempo continuará su
actual función. Este hallazgo sustenta la observación
de que muchos más directores generales piensan en retirarse
o cambiar de responsabilidades que en actuar en consecuencia. En
realidad son contados los que hacen anuncios o manifiestan acciones
que los comprometan a una transferencia de poder dentro de un determinado
periodo.
En todas las dimensiones medidas, los padres que a su vez son directores
generales tienen una percepción más positiva que los
miembros más jóvenes de la familia. Es posible que
las percepciones de los directores estén sesgadas por su
propio éxito y quizá se les dificulte ver los problemas
en lo que han creado y siguen dirigiendo. O bien tal vez se encuentren
en una etapa de la vida en la que los esfuerzos por identificar
o resolver problemas con los que los demás siguen lidiando
asuman un papel menos importante que hacer las paces con el propio
sueño y la propia familia.
Los resultados del estudio Discovery refuerzan reiteradamente la
función central del director y padre como arquitecto de los
sistemas, la cultura y las prácticas de la compañía
y la familia. Por tanto, el sesgo positivo de un director general
puede depreciar en forma implícita las visiones de los demás,
y reducir la capacidad para detectar problemas que requieren solución.
También puede amenazar la retención de gerentes clave
no pertenecientes a la familia y miembros de la siguiente generación
de directivos propietarios y, por ende, frustrar incluso la adaptación
y supervivencia misma del negocio.
Esta falta de motivación para el cambio del director puede
frustrar los esfuerzos por promover la preparación de la
siguiente generación y construir las instituciones necesarias
para gobernar la relación entre la familia y el negocio en
el futuro.
¿Qué tipos de instituciones de gobierno necesitan
construir los directores generales? Las investigaciones sobre las
mejores prácticas indican que un consejo de administración
o de asesores, un consejo o asamblea familiar, una reunión
anual de accionistas y un equipo directivo que incluya a varios
de los principales directivos no pertenecientes a la familia pueden
desempeñar un papel importante en el mejoramiento de la interacción
entre familia, dirección y accionistas. Sólo después
de construir una infraestructura fundada sobre la base de estas
instituciones de gobierno puede proceder en forma confiada el director
general arquitecto con su plan de transferir el poder a la siguiente
generación.
LA TRANSFERENCIA DE PODER
Los directores generales que se preparan para transferir el poder
no tienen que hacer que la sucesión se dé sin ayuda
de nadie. Ni siquiera tienen que estar entre los que se esfuerzan
por hacer que suceda. Pero, a decir verdad, deben ser los arquitectos
de la transición y luego saber cuándo quitarse del
camino, dejando que ingenieros, contratistas y vendedores (asesores,
personal y miembros de la siguiente generación) asuman el
control. Sin embargo, hay evidencias en varios estudios de que los
directores generales de compañías controladas por
familias tienden a ejercer el puesto por periodos más prolongados
e incluso a afianzarse. Al no dar paso a quienes portan la estafeta
del futuro, esos directores suelen generar serias debilidades en
la capacidad de la empresa para continuar de una generación
a otra.2
La transferencia del poder nunca ha sido sencilla en ningún
entorno. Las transiciones exitosas y sin altibajos son una de las
razones por las que General Electric es una empresa tan admirada.
General Electric cultiva minuciosa y ampliamente la dirección
general. Y respalda, en forma periódica (aunque no muy a
menudo), la transferencia ordenada del poder al director de la siguiente
generación, como lo hiciera Jack Welch en el año 2001.
Para muchos, el impulso de poder es una fuerza vital como la necesidad
de logro y de ser amado. En el negocio familiar, las exigencias
de las relaciones familiares y la fuerza pura de la propiedad complican
adicionalmente la transferencia de poder. En otras palabras, la
transferencia del poder en la empresa familiar no es sólo
un asunto de pasar la batuta directiva a la siguiente generación,
como en General Electric, sino también un asunto de pasar
la antorcha encendida del liderazgo de la familia y el mazo dorado
del control de la propiedad. Muchas historias de sucesiones fallidas
en compañías privadas y controladas por familias reflejan
la dificultad de hacer estas tres cosas en un periodo razonable.
En casos, que he observado personalmente en mi labor como asesor
de negocios familiares, se ha transferido una participación
significativa en la propiedad a la siguiente generación,
pero no autoridad real. Dejar el control de la propiedad (una mayoría
de las acciones con derecho a voto) y los puestos de la alta dirección
en manos de la generación anterior hace que sea una burla
la supuesta transferencia del poder.
Estas transferencias desfasadas de la dirección y propiedad
generan desafíos de liderazgo sumamente difíciles
para los directores generales de la siguiente generación.
Esto es particularmente cierto cuando la sucesión la desencadena
la inesperada enfermedad o muerte repentina del padre que a su vez
es director general o presidente del consejo.
No es mi intención abogar por una transferencia temprana
de la propiedad. Pero la transferencia de poder necesita diseñarse
en función de cada familia y negocio, de tal modo que el
liderazgo de la familia, el control de la propiedad y la dirección
de la compañía formen parte de la transferencia. La
congruencia en la transferencia del poder, según lo que representa
la dirección, la familia y las acciones sobre la propiedad,
se encuentra en el núcleo de una buena transición
entre generaciones de directivos propietarios.
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